Aksum

Los orígenes del reino de Aksum son remotos y difíciles de situar. El reino se
localizaba aproximadamente en los territorios que hoy ocupan Etiopía, Eritrea, Yibuti
y el norte de Somalia. La población, sobre todo en las zonas costeras, debió formarse
a partir de la mezcla de elementos africanos y de clanes árabes premusulmanes que
cruzaban regularmente a la otra orilla del mar Rojo. El principal de estos clanes era el
de los Habashat, cuyo nombre, por deformación, dio lugar a Abisinia, nombre con el
que se conoció a Aksum durante siglos. Una leyenda abisinia versa sobre la visita que
hizo a Jerusalén la reina Makeda. Allí conoció a Salomón, quien mediante una
inteligente artimaña habría conseguido yacer con ella. De esa relación habría surgido
un hijo, Menelik, que tomó de Jerusalén el Arca de la Santa Alianza para llevársela a
tierras etíopes. Con esta leyenda, la dinastía axumita, llamada en adelante
salomónica, consiguió revestirse de una prestigiosa antigüedad.
Los primeros soberanos axumitas, a los que conocemos vagamente gracias a
algunos textos griegos, no eran cristianos. La primera mención sobre Aksum y su
control sobre el importante puerto de Adulis, que podría corresponder a la actual
ciudad eritrea de Massawa, lo encontramos en el Periplo del mar Eritreo en el que se
habla del rey Zoscales como un soberano avaro que sabía leer griego. Gracias al
Periplo constatamos la importancia que el comercio tenía para el reino ya que lo
conectaba con lugares tan lejanos como India o China.
Plinio el Viejo, en su obra Historia natural, habló de Adulis pero no mencionó a
Aksum. Describió Adulis como «un centro comercial para los trogloditas y para los
etíopes». La palabra troglodita se aplicaba a los africanos que vivían en la costa del
mar Rojo, mientras que etíope designaba a las poblaciones del interior (desde tiempos
antiguos esta palabra, traducida habitualmente como “cara quemada”, servía para
designar a las poblaciones al sur de Egipto). Ptolomeo, en su obra Geografía (s. II d.
C.), también dejó constancia de la existencia de este reino. Por otra parte, la
inscripción etíope más antigua en la que se habla de Aksum data del mismo siglo.
A partir de esta época, el reino empezó a ser conocido. Gracias a las inscripciones
halladas, tanto en lengua surarábiga como en ge’ez, la lengua de Aksum que hoy en
día sigue vigente para usos litúrgicos, podemos conocer las hazañas y personalidades
de algunos negus (reyes). En total, sumando las informaciones recabadas en las
fuentes antiguas y en las inscripciones podemos señalar la existencia de una decena
de reyes. Pero gracias a la prominente acuñación de monedas, en las que se plasmaba
el rostro y nombre de los reyes gobernantes, conocemos los nombres de más de
dieciocho monarcas cuya obra y vida nos es, en su mayoría, desconocida.
Moneda del rey Ezanas de Aksum (s. IV), quién adoptó la religión cristiana y es
conocido por las inscripciones halladas en la Estela del rey Ezanas, un gran
obelisco que todavía hoy sigue en el lugar de la antigua ciudad de Aksum (hoy
Etiopía).
Algunas inscripciones del siglo III d. C. halladas en el sur de Arabia hacen
referencia a los axumitas y abisinios. En esa época, la Arabia meridional estaba
ocupada por tres Estados: Saba, Hadramaut y Himyar. Saba intentó un acercamiento
con Aksum contra el poder creciente de Himyar pero la alianza cayó en saco roto y,
finalmente, fue Aksum quien pactó con Himyar para derrotar a Saba. Esta alianza hizo
que contingentes axumitas realizaran operaciones en el cuerno de Arabia y ocuparan
gran parte de la zona a mitad del siglo III. Una inscripción hallada en Adulis muestra
que sobre esas fechas, Aksum se encontraba en pleno desarrollo de su poderío a
expensas no sólo del sur de Arabia sino también de sus vecinos continentales. Fue
también en el siglo III d. C. cuando se inició la acuñación de sus famosas monedas y
cuando su flota se insertó de lleno en el comercio internacional que partía del mar
Rojo y se adentraba en el océano Índico.
En el siglo IV d. C. encontramos la figura del rey Ezanas, uno de los mejor
conocidos por las inscripciones (el resto de reyes de esta centuria han dejado pocos
rastros) y uno de los más importantes al ser el primero en adoptar la religión cristiana.
Pero ¿cómo fue posible la llegada del cristianismo a la meseta etíope?
Diversos documentos permiten situar hacia el año 310 d. C. la fase inicial de la
cristianización axumita. Ezanas, cuyas inscripciones durante la primera parte de su
reinado lo muestran como un rey pagano, devino adepto hacia la década de 340-350
d. C. El encargado de convertir a Ezanas fue un monje sirio llamado Frumencio. Este
hecho, que puede parecer anecdótico, marcó el destino del reino. En primer lugar,
Frumencio fue consagrado, en Alejandría, como obispo (abuma) de la zona etíope.
Esto hizo que la etíope fuese una Iglesia adherida al cristianismo copto de Egipto con
base en Alejandría, deviniendo de esta manera una Iglesia separada (cismática)
puesto que, como la egipcia, se aferraba a la ortodoxia adhiriéndose al rito litúrgico y
al calendario copto (que era el antiguo calendario egipcio levemente manipulado).
Además, el cristianismo de Aksum presentó desde el principio fuertes influencias
africanas y judaicas. Era un cristianismo diferente del que reinaba en Occidente. No
es aventurado decir que las relaciones entre Iglesia y realeza, entre cristianismo
abisinio y poder del Estado, marcó la historia del reino, del Cuerno de África y de sus
relaciones con Occidente.
Según las estelas e inscripciones, Ezanas llevó a cabo numerosas campañas contra
sus vecinos africanos, sobre todo contra los belicosos nómadas medjai. Sus métodos
se hicieron famosos por ser expeditivos tal y como muestra un texto de la época:
«Quien obedecía, estaba a salvo; quien lo rechazaba, muerto». Sus masacres y
capturas, de gente y de ganado, quedaron recogidas en largas listas. Así, Aksum
impuso su hegemonía a las poblaciones circundantes. La última inscripción conocida
de su reinado habla de una campaña en el actual Sudán, en un territorio antes
ocupado por Kush y ahora por los nuba, que fueron derrotados a sangre y fuego.
El Parque de las Estelas, en la ciudad etíope de Aksum, alberga centenares de
estelas de todos los tamaños. La estela de Ezanas, de 21 metros de altura,
situada en el centro, probablemente fue el último obelisco que se erigió en el
parque.
En el siglo V d. C. no hay constancia de ningún soberano tan ilustre como Ezanas,
aunque son diversos los rostros y nombres que aparecen en las monedas. En esta
centuria, el reino sudarábigo de Himyar se deshizo de la tutela axumita y se impuso al
resto de Estados del sur de Arabia. Además, en esta época, el cristianismo siguió
extendiéndose en la zona de Nubia septentrional gracias a las actividades de
comerciantes venidos de Egipto.
Precisamente Egipto y el Oriente Próximo eran el escenario de un fuerte conflicto
religioso sobre los dogmas en relación a la naturaleza de Cristo. En el Concilio de
Calcedonia de 451, defendido por la Iglesia católica y la ortodoxa, se sostuvo la
existencia en Cristo de dos naturalezas: la divina y la humana, sin separación ni
confusión, mientras que la corriente contraria conocida como monofisismo, adoptada
por las iglesias coptas egipcia y etíope, mantenía la existencia de dos naturalezas sin
separación pero confundidas, de forma que la naturaleza humana se perdía,
absorbida, en la divina. En este momento de disputa religiosa se sitúa una de las
leyendas más invocadas por el cristianismo etíope que hace referencia a nueve santos
venidos desde el Imperio bizantino. En realidad, la leyenda enmascara un
movimiento real de evangelización del reino de Aksum a finales del siglo. Para huir de
Siria y realizar un denodado proselitismo, monjes monofisitas fueron a Aksum para
poner los fundamentos de la vida monástica. Desde ese momento, los lazos entre la
Iglesia copta etíope y la egipcia se hicieron más estrechos.
Además, a nivel internacional, el siglo V estuvo marcado por la rivalidad entre el
Imperio bizantino y el Imperio sasánida de Persia que se disputaban el tráfico
comercial en el mar Rojo. En el siglo VI, el rey axumita Kaleb, asociado a Bizancio,
tuvo un rol activo en este mar y sus gestas son conocidas gracias a inscripciones en
ge’ez y por las fuentes griegas, que se hacen eco de eventos ocurridos en Arabia
meridional en tiempos de los emperadores bizantinos Justino y Justiniano, siendo
Kaleb uno de los protagonistas de estos relatos.
Se conoce poco sobre los asuntos interiores de Kaleb, más allá de que el comercio
regional interior gozaba de una viva actividad. No obstante, sus actividades en el
exterior son bien conocidas. En el segundo decenio del siglo, Himyar estaba
gobernado por Dhu Nuwas, un árabe de religión judía que perseguía a los cristianos.
El emperador bizantino quiso que el negus de Aksum interviniera contra este monarca
surarábigo. Aksum cumplió la demanda de Bizancio y derrotó a Dhu Nuwas en el 518.
Sin embargo, poco después las persecuciones se reanudaron y no finalizaron hasta
que el rey himyarita estuvo muerto. Entonces se entronizó a un himyarita cristiano
pero poco después la corona fue tomada por un abisinio, Abraha, convirtiéndose el
sur de Arabia en una suerte de protectorado de Aksum hasta la invasión persa de 572.
En la segunda mitad de siglo, los persas se hicieron con el control del mar Rojo y
de su importante comercio lo cual supuso un golpe para los comerciantes bizantinos.
El emperador Justiniano envió entonces una embajada a Aksum para reclamar su
apoyo. No obstante, el avance persa continuó y en el 572 sus tropas sometieron el sur
de Arabia que, de protectorado axumita, devino una satrapía persa por un breve
período.
En el siglo VII d. C., la aparición y expansión del islam tuvo efectos nocivos en
Aksum. Pese a que al principio las relaciones entre el reino etíope y los musulmanes
fueron amistosas, pronto se deterioraron debido a la piratería. En el siglo VIII d. C.,
los musulmanes ocuparon unas islas frente a las costas axumitas que les sirvieron
como puente para la expansión de su creencia y para los negocios hacia la meseta
etíope. Incluso el importante puerto de Adulis fue destruido en fechas similares. En el
norte, la conquista musulmana del norte de África debilitó a Axum al cortar los lazos
comerciales que lo unían con el mundo mediterráneo.
Aksum perdió así su rol como centro político y económico de la región. No es
casualidad que en el mosaico que el califa omeya Walid I hizo pintar en su castillo de
Qusair Amra (Jordania), representando a todos los soberanos que el islam había
vencido, se encontrara entre ellos el negus de Axum. Quizá su derrota no fue directa
pero el auge musulmán había acelerado el declive del reino.