Cetshwayo

África meridional es la única zona del
continente en la que se produjo, desde el siglo XVII, un asentamiento masivo de
colonos blancos que fueron expandiéndose desde la colonia del Cabo, primero en
manos neerlandesas y luego británicas. La conquista colonial de esta región no siguió
los mismos parámetros que en África Occidental. Mucho antes de que tuviera lugar la
Conferencia de Berlín, en el sur africano los bóeres ya habían iniciado su penetración
hacia el interior. Hubo muchos casos de resistencia de los pueblos africanos de la
región. Sin embargo, ahora pondremos el foco de atención sobre uno de ellos que
tuvo lugar a finales de la década de 1870. Antes de hablar de este episodio es
necesario retroceder en el tiempo y ver qué evolución histórica llevó a uno de los
enfrentamientos más célebres de la historia colonial británica.
Debemos situarnos entre los montes Drakensberg y el océano Índico, una
extensión que estuvo habitada en gran parte por pueblos de lengua nguni. En las dos
primeras décadas del siglo XIX estos pueblos se hallaban en un período de luchas por
el espacio vital. De hecho, la década de 1820 estuvo marcada por migraciones
masivas y mutaciones políticas sin precedentes que, en la mayoría de los casos, se
dieron a través de cauces militares. No podemos comprender estos cambios sin
detenernos en un personaje histórico sobre el que el historiador burkinés Joseph Ki-
Zerbo escribió: «Si hubiésemos de elegir cinco nombres entre los individuos que más
han influido sobre el destino histórico de regiones enteras de África, Chaka sería uno
de ellos». En efecto, la historia de Chaka es similar a la de Sunyata de Mali. Era hijo
de un jefe y las coesposas de su padre, celosas de la belleza de su madre y del trato de
favor que recibía el pequeño Chaka, lo obligaron a marcharse al exilio entre bromas y
humillaciones. Se hizo pastor y durante su infancia fue víctima de numerosos
maltratos. Sin embargo, se endureció ante la desgracia y pronto afloró en él una
fuerza física considerable. Su éxito le granjeó nuevos apoyos, ya fueran vencidos o
convencidos y, finalmente, logró imponerse como jefe en el pueblo al que había sido
exiliado con su madre. Su fama pronto se extendió, alimentando la envidia de sus
medio hermanos, y se vio obligado a refugiarse en la corte del soberano de su padre,
Dingiswayo, quien había iniciado la militarización de sus gentes. Bajo su protección
Chaka se transformó en un guerrero formidable, implacable, en su brazo derecho. Al
morir su padre, Dingiswayo le ayudó a recuperar la herencia que le correspondía por
derecho de nacimiento: asesinó a parte de sus medio hermanos y se erigió como jefe
de su clan. Desde esa posición inició guerras de conquista para extender el dominio
de su soberano. Este, sin embargo, murió en una emboscada y Chaka fue elegido por
los guerreros para encabezar a las tropas. Logró vencer a su principal enemigo y se
convirtió así en jefe de la mayor parte de grupos nguni.
Boceto de Chaka de 1824 que apareció en la obra Travels and adventures in
Eastern Africa, de Nathaniel Isaacs (1836).
El genio militar de Chaka no conoció límites. Una de sus primeras medidas fue la
de dotar al conjunto de una nueva identidad. En adelante, su pueblo sería el de los
amazulú (“los del cielo”). Sustituyó el origen étnico y acabó con sus barreras,
primándose el valor como único criterio y creando la nueva identidad zulú. Organizó
un nuevo ejército: creó regimientos (impi) compuestos de un millar de hombres o
mujeres, divididos por grupos de edad, a la cabeza de los cuales se hallaban los
generales (induna). En época de paz, los regimientos permanecían acantonados y
realizaban entrenamientos intensivos diarios. Chaka no sólo revolucionó la forma del
ejército, sino también su armamento y su manera de combatir. Instauró una disciplina
de hierro en combate: quien retrocediera sería condenado a la ejecución. Incluso si un
induna volvía de una campaña sin botín podía ser ejecutado. En cuanto al armamento,
quiso dar más vigor a sus guerreros. Hasta ese momento luchaban con armas
arrojadizas como la jabalina o con armas de larga asta como la azagaya. Chaka
suprimió la jabalina y transformó la azagaya, haciéndola más corta y de hoja más
ancha. A esta se sumó un hacha y un escudo de piel de buey. Al suprimir las armas
arrojadizas, Chaka estaba desarrollando una estrategia psicológica: el arma larga
desarrolla el miedo, el reflejo de alejamiento y huida; el arma corta, en cambio,
obliga al cuerpo a cuerpo e incita al soldado a tomar la iniciativa.
Esta muestra de armas zulúes, recogidas por un soldado británico en la batalla
de Isandlwana (1879), fue subastada en Gran Bretaña en 2014. Fuente:
dailymail.co.uk.
Así, las tropas zulúes se convirtieron en temibles profesionales militares. De
hecho, Chaka enfocó la sociedad hacia la militarización: eran guerreros todos
aquellos hombres cuya edad comprendía entre los dieciséis y los sesenta años,
sustituyó el período iniciático por el entrenamiento militar y por un bautismo de
sangre en combate, retrasó la edad de matrimonio y sólo permitió que se casaran
quienes probaban su valía en combate. Su estrategia de batalla era la de la cabeza de
búfalo. Dividía a las tropas en cuatro unidades: dos alas (cuernos) y dos cuerpos
centrales, uno detrás de otro (el cráneo). Las alas realizaban un movimiento
envolvente y empujaban a sus enemigos hacia el centro, donde estaban los soldados
más veteranos.
Así se inició lo que se conoce como mfecane, nombre con el que se conoce el
movimiento de poblaciones que las campañas de Chaka produjeron en la región. La
presión que ejerció el mfecane zulú produjo fuertes alteraciones en los equilibrios
políticos de la zona: quienes huían empujaban a su vez a otras poblaciones hacia el
interior y así, los efectos y la guerra llegaron hasta orillas de los lagos Tanganica y
Victoria.
El núcleo del reino zulú acabó implantándose cerca de la costa y se conoció como
Zululand. La rigidez de Chaka creó desafecciones y en septiembre de 1828 murió
envenenado por uno de sus medio hermanos: Dingane.
Durante el reinado de Chaka se produjeron importantes episodios más hacia el
sur, en las zonas dominadas por los blancos (británicos o bóeres). En la colonia del
Cabo el dominio británico, acentuado con la llegada de más colonos en 1820, produjo
continuos choques con los conservadores bóeres que en 1834 decidieron emprender
la larga marcha hacia el interior conocida como el Gran Trek. Superaron el río
Orange enfrentándose a todas las poblaciones que se cruzaron en su camino, con un
marcado racismo que los situaba a ellos como el pueblo elegido por Dios y a los
africanos como personas destinadas a servirlos.
Una de las zonas a las que se dirigieron fue Natal, región dominada por los zulúes
y en la que los británicos habían instalado un puerto en 1824 en Port-Natal (futura
Durban). Al principio Dingane les permitió instalarse pero pronto se arrepintió y
durante el transcurso de una fiesta ordenó una gran matanza de bóeres. La matanza
derivó en una guerra corta que se saldó con la derrota de las tropas zulúes en 1838 a
orillas de un río que, desde entonces, se conoce como Blood River (río de sangre).
Un año después de esta batalla en la que los zulúes sufrieron numerosas pérdidas,
otro medio hermano de Chaka, llamado Mpande, se alió con los bóeres para destronar
a Dingane, y lo consiguió en 1840.
Tres años más tarde, los británicos anexionaron Natal y lo convirtieron en
colonia. Muchos bóeres decidieron marcharse de nuevo y se dirigieron más allá del
río Vaal. A mediados de siglo, los británicos reconocieron la independencia de las dos
repúblicas bóeres surgidas del Gran Trek: el Estado Libre de Orange y la República
Sudafricana (Transvaal). En esos momentos ofrecían una escasa rentabilidad
comercial y, por lo tanto, los británicos no se interesaron en unirlos a la colonia. De
este modo, la segunda mitad del siglo XIX en África meridional se inició con cuatro
organizaciones políticas blancas en la región: las colonias británicas de Natal y el
Cabo, y las dos repúblicas bóeres. El carácter común de todas ellas era el afán de
expansión.
Todo cambió cuando en 1866-1867 se descubrieron diamantes en Kimberley, una
tierra de nadie entre el Cabo, Orange y un territorio semiindependiente de mestizos
llamado Griqualand Occidental. Los británicos iniciaron entonces una incesante
actividad para anexionarse el territorio y la búsqueda de minerales se convirtió en una
verdadera industria. Las minas, explotadas por compañías comerciales como la
dirigida por el inefable Cecil Rhodes (único europeo que dio su nombre a una colonia
africana: Rodesia), provocaron la afluencia de millares de blancos y africanos hacia
las tierras del interior. El trabajo pronto adquirió tintes segregacionistas y de
explotación indiscriminada. En la década de 1880 se descubrió oro en Transvaal y se
produjo un fenómeno similar que acabó con la anexión de estos territorios a la
colonia británica.
Mapa extraído del Scottish Geographical Magazine de 1885 en el que se
muestran las posesiones británicas del sur de África (el Cabo, Natal) y las
repúblicas bóeres de Orange y Transvaal, además de Zululand.
Durante todo este período, el soberano zulú Mpande hizo concesiones a británicos
y bóeres. Su población empezó a verlo como un líder débil y esto lo aprovechó su
hijo Cetshwayo para ganar influencia. Mpande lo vio como una amenaza y empezó a
favorecer a otro hijo, llamado Mbuyazi. Esto generó un enfrentamiento entre los dos
hermanos que se saldó con la victoria de Cetshwayo en 1856. Casi una década
después, padre e hijo se reconciliaron e hicieron un pacto: Cetshwayo tendría el
control efectivo de la nación zulú mientras Mpande seguiría siendo la autoridad
última del reino y su rey.

Mpande murió en 1872 y su hijo accedió al trono. Por entonces ya había
reforzado su fama militar como líder. Hizo frente a diversos ataques bóeres y los
rechazó. Decidió recuperar ciertos aspectos que hicieron temibles a las tropas de su
tío Chaka y pronto le vieron como una amenaza militar preocupante para los
británicos que, por esas fechas, tras el descubrimiento de los diamantes, estaban
inmersos en una política que buscaba la integración de los territorios del sur de África
en una misma confederación bajo su dominio. Iniciaron de este modo una campaña
para anexionar el territorio zulú. En diciembre de 1878 le dieron a Cetshwayo un
ultimátum para que se rindiera, pero este lo rechazó, iniciándose así la guerra anglozulú.

La batalla de Isandlwana (22 de enero de 1879), dibujada por el pintor Charles
Edwin Fripp. Muchos autores han afirmado que murieron más oficiales
británicos en esta batalla que en Waterloo, pese a que un análisis concienzudo
de las bajas en Waterloo pueda poner esta afirmación en tela de juicio.
Cetshwayo infligió a los británicos una de las mayores derrotas de su historia
colonial. Sus 20 000 guerreros obtuvieron esta gran victoria en enero de 1879 en la
batalla de Isandlwana, en la que los británicos perdieron a 52 oficiales, 727 soldados
blancos y 471 soldados del contingente indígena. Sin embargo, el armamento
británico era mucho más poderoso que el zulú y, en el mes de julio, Cetshwayo cayó
derrotado en la batalla de Ulundi en la que sufrió numerosas pérdidas.
El líder zulú huyó hasta que fue capturado un mes después y exiliado en el Cabo.
Poco después le permitieron visitar Londres y conocer personalmente a la reina
Victoria, que le permitió volver a su tierra y reinar en una porción de su reino en
1883. Pero Zululand había sido dividido en trece jefaturas con jefes alineados con los
británicos y el retorno de Cetshwayo originó una guerra civil que acabó con su
muerte en 1884. El informe oficial decía que se debió a un fallo cardiaco aunque la
hipótesis del envenenamiento parece la más probable.
Tras vencer a los zulúes los británicos se enfrentaron a los bóeres en dos cruentas
guerras (1880-1881 y 1899-1902) que acabaron con sus dos repúblicas y los integró
al Imperio británico. En 1910 nació la Unión Sudafricana aglutinando los territorios
del África del sur bajo dominio británico: era el germen de la futura Sudáfrica del
apartheid.