Dahomey

En el oeste de la actual Nigeria los Estados yoruba de la región costera capitalizaron
las actividades de captura y venta de esclavos. El más conocido de todos ellos, Oyo,
hostigaba al resto de reinos y realizaba incursiones en los territorios del interior. En lo
que hoy en día es el país de Benín (no confundir con el reino de Benín que en la
época se encontraba en el oriente nigeriano) el pueblo fon sufría las incursiones tanto
de Oyo como de otros Estados predadores de la zona. En esas circunstancias, los fon
se unieron contra las incursiones esclavistas de sus vecinos orientales y de los
invasores costeros. Pero su defensa pasaba por conseguir un acceso a las armas y a la
munición que proveían los europeos. Fue así como el reino de Dahomey, en el siglo
XVII, hizo frente a sus rivales y avanzó desde el interior para tomar el control de los
puertos frecuentados por los europeos. Su supervivencia dependía de las armas de
fuego y estas sólo podían adquirirse a través del comercio de esclavos. Dahomey se
encontró con un dilema habitual en la época: esclavizar o ser esclavizados.
Evidentemente, se decantó por lo segundo y, pese a ser durante gran parte de su
historia tributario de Oyo, se convirtió en uno de los grandes interlocutores del
comercio con la frontera occidental en el golfo de Benín.

Ashanti

Mapa británico de principios del siglo XIX en el que podemos ver la
localización de los principales Estados predadores de la época como Ashanti
(Ashantee), Dahomey y Segu (Bambarra). Fuente: Institut Cartogràfic de
Catalunya.
Hacia el oeste, en la bautizada como Costa de Oro, diversos pueblos akan del
interior se unieron en los albores del siglo XVIII para formar la Confederación
Ashanti. Como los fon de Dahomey, estos pueblos vieron su seguridad amenazada
por las incursiones desde la costa y se enfrentaron a la disyuntiva de someterse a las
incursiones o realizarlas ellos mismos. Bajo el liderato del líder de la confederación,
cuyo título era el de Ashantihene, los Ashanti se abrieron paso hasta el mar y
acabaron por imponer su hegemonía en la Costa de Oro, una hegemonía basada en el
tráfico de esclavos sustentado en las incursiones a los territorios vecinos. La voluntad
de autodefensa tornó a las víctimas en predadores.
Tanto Dahomey como Ashanti fueron dos de los Estados cuya resistencia a la
colonización generó más batallas y ríos de tinta en la prensa de la época y en los
libros de historia colonial.

Segu

Tras la desintegración de Mali y Songhay, la zona de sabana sudanesa se convirtió en
el escenario de una nueva realidad sociopolítica. La inseguridad promovida por la
demanda esclavista tanto atlántica como sahariana dio un nuevo significado a las
asociaciones de jóvenes armados. Estas bandas ofrecían protección a determinados
pueblos mientras realizaban incursiones allá por donde pasaran. A finales del siglo
XVII, el líder de una de estas asociaciones, Biton Coulibaly, llegó con sus compañeros
a Segu, en la curva del Níger. Allí ofreció su protección al senado compuesto de los
ancianos del lugar, pero estos la rechazaron. Poco después, Biton decapitó a los
miembros del senado y se erigió como señor de Segu. Los miembros de su
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asociación, llamados ton-yon, se convirtieron en esclavos de la asociación y en el eje
del nuevo Estado. Jóvenes, desarraigados y militarizados, los guerreros bámbara de
Segu se dedicaron única y exclusivamente a la guerra, marginando a los linajes no
especializados en ella. El guerrero de Segu se labró la fama de tramposo y artero, de
soldado ebrio que menospreciaba las tareas del campo. En Segu quienes cultivaban
eran esclavos, mujeres y niños, y a su alrededor la desolación se hizo más y más
acentuada tal y como atestiguó el viajero escocés Mungo Park a finales del siglo
XVIII. El Estado guerrero, predador, instaurado por Biton Coulibaly fue durante la
época uno de los principales proveedores de esclavos a través del Sahara y también
de las costas de Senegambia.