Gran Zimbabue

El viajero que hoy se adentre en la meseta de Zimbabue, entre los ríos Zambeze y
Limpopo, hallará en diferentes puntos del altiplano grandes y antiguas construcciones
en piedra que se remontan a la época clásica. La más famosa, por sus dimensiones y
conservación, es Gran Zimbabue. Se trata de un complejo colosal dominado por la
fortificada Acrópolis, en lo alto de una colina, y por el Gran Recinto amurallado a sus
pies. Este último forma una elipse de unos cien metros de largo, casi ocho de altura y
una anchura de seis en la base y de unos dos metros en la parte superior. Dentro del
Gran Recinto, formado por casi un millón de bloques de granito, encontramos un
muro interior. Entre ambas murallas un camino conduce hasta una gran torre cónica.
Vista aérea, desde la colina de la Acrópolis, de los territorios de Gran
Zimbabue. Las ruinas se encuentran en una extensión de setecientas veintidós
hectáreas.
A la izquierda, uno de los pájaros de esteatita hallados en las ruinas. A la
derecha, la bandera nacional de Zimbabue, que ha adoptado la figura del pájaro
como símbolo nacional del país.
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Gran Zimbabue fue saqueada por
europeos buscadores de fortuna que se agenciaron los objetos de valor, entre los que
destacaban pájaros de esteatita, y todo menos el oro fue tratado de la manera más
descuidada. Los saqueadores eran incapaces de apreciar la riqueza cultural de
aquellas ruinas, que consideraban la obra de alguna civilización exterior. No
concebían la posibilidad de que aquellas majestuosas construcciones hubieran sido
erigidas por los pueblos a los que subyugaban con tanto menosprecio.
La construcción de Gran Zimbabue se atribuye a pueblos de lengua shona. El
nombre zimbabwe puede traducirse como “casa de piedra” y servía para designar la
casa del soberano, es decir, la corte del monarca. Así, un monarca podía desplazarse y
el zimbabwe se encontraría allí donde él se instalara. El inicio de la construcción
suele situarse a finales del primer milenio de nuestra era y alargarse hasta el siglo XV.
De hecho, fue a partir del siglo XII cuando el ente político de Gran Zimbabue adquirió
la forma de un Estado si no centralizado, sí bien organizado y jerárquico desde el
punto de vista social. Esta evolución se aprecia en la cerámica, más refinada y con
mejores acabados, en la aparición de figuritas de argila y en la proliferación de perlas
y otros artículos de importación, así como objetos locales de cobre, oro o bronce. En
definitiva, en la época se produjo una acumulación económica que fue acompañada
por una especialización y una jerarquización social, allanando el terreno para el
desarrollo de un poderoso Estado.
Hay diversas teorías que explican su aparición. La primera de ellas es la religiosa,
que da al factor cultural el rol motor. Según esta hipótesis, los pueblos de lengua
shona habrían llegado a finales del primer milenio aportando a la región ciertas
técnicas, en particular para la explotación minera, pero sobre todo habrían traído
consigo un importante culto a los ancestros. Crearon espacios en los que desarrollar
dicho culto y uno de ellos se situó en lo alto de la colina donde hoy descansan las
ruinas de la llamada Acrópolis. Los shona, a continuación, habrían convertido a los
jefes locales en vasallos por quienes hacían sacrificios complejos a los ancestros y al
dios Mwari, a cambio de que los jefes locales dieran un tributo en marfil y oro. Era
precisamente esto último lo que atraía hacia el interior el comercio que bullía por las
costas orientales del Índico y que permitió el desarrollo comercial del Estado. Este es,
justamente, el elemento de la segunda teoría sobre la formación de Gran Zimbabue,
según la cual los intercambios comerciales favorecieron la acumulación de bienes no
redistribuibles lo que derivó en la acumulación de poder y riqueza en manos de unos
pocos notables.
En realidad, la formación del Estado debió darse por una acumulación de
factores. El factor religioso fue importante, pues los soberanos también eran
representantes de la monarquía divina africana, y el factor comercial sin duda fue
clave al aportar bienes y riqueza del exterior al tiempo que se vendían objetos y
minerales del interior del Estado. Pero no hay que desdeñar la importancia de la
agricultura y del ganado en la subsistencia del grueso de la población. Entre los siglos
XIII y XV, los del apogeo de Gran Zimbabue, los expertos hablan de que su población
podría haber llegado a ser de dieciocho mil personas.

Vista aérea del Gran Recinto elíptico de Gran Zimbabue, de hasta once metros
de altitud y de una extensión de unos doscientos cincuenta metros, que lo
convierten en una de las estructuras antiguas más grandes al sur del Sahara.
La riqueza de los soberanos de Gran Zimbabue estaba ligada a la prosperidad del
tráfico costero a donde enviaban el cobre, oro y marfil (que por entonces parecía
inagotable) a cambio de diversos objetos de lujo. En los estratos superiores del Gran
Recinto y de la Acrópolis se han hallado ornamentos de oro y cobre, esculturas de
esteatita, perlas indias y porcelanas chinas, persas y árabes del siglo XIV. Todo ello
nos indica que Gran Zimbabue, en el interior de África Oriental, estaba vinculado al
comercio internacional del océano Índico. Tal vez el hecho de haber hallado lujos
asiáticos haya provocado que se dé una atención exagerada al comercio y no se den
tantas explicaciones sobre la agricultura y la ganadería o sobre las actividades
artesanales, manufactureras y metalúrgicas, que se dieron en la zona.
El declive de Gran Zimbabue se produjo en la segunda mitad del siglo XV, cuando
el comercio con la región había basculado hacia otras zonas y la sabana semiárida
que rodeaba el Estado empezaba a dar muestras de agotamiento para las actividades
agropecuarias. Incluso puede que períodos de sequía erosionaran la confianza que la
población depositaba en sus líderes, a quienes se atribuía el bienestar social pero
también el natural (eran los encargados de la lluvia), minando la moral de unos
habitantes que tuvieron así menos reparos en abandonar la zona. Mientras el poder de
Gran Zimbabue declinaba aparecieron nuevos Estados, en el norte y en el sudoeste de
la meseta, que se situaron en lugares más favorables para el comercio y el cultivo.
Uno de estos Estados, Monomotapa, pasó a la historia por su relación con los
portugueses.