Kanem Bornú

Mientras en el Sudán occidental la hegemonía fue cambiando de manos (Ghana,
Mali, Songhay), en el Sudán central el papel preponderante lo ocupó el imperio más
longevo de África: Kanem-Bornú. Durante su apogeo su influencia alcanzaba desde
el Níger hasta el Nilo, de oeste a este, y de la región del Fezán (sudoeste de Libia)
hasta el norte de Camerún. Para el estudio de su historia disponemos del Diwan de
los sultanes, una crónica hallada por el explorador alemán Heinrich Barth en la que se
da cuenta de sesenta y nueve soberanos, de la duración de sus reinados y de los
principales eventos que los marcaron.
Existe una cierta controversia respecto a los orígenes del Imperio, aunque la
teoría más aceptada es la que habla de una conjunción de elementos nómadas y
sedentarios, que formaron el pueblo kanembu, los fundadores. Estos llegaron a las
tierras bañadas por el lago Chad alrededor del siglo VIII d. C., donde guerrearon con
otro pueblo, los sao, cuya enemistad perduraría durante centurias.
La historia de Kanem vivió un punto de inflexión en la segunda mitad del siglo XI
d. C. Hacia 1068 la dinastía reinante hasta el momento fue derrocada por Hummay,
quien dio inicio a la dinastía de los Sefuwa. Situaron su capital al oeste del lago
Chad, en Njimi, y ya desde tiempos de Hummay el islam fue introduciéndose en sus
territorios. Algunos mai (rey o emperador) peregrinaron a La Meca en diversas
ocasiones.
Los mai, representantes de la realeza divina africana, eran los responsables de la
lluvia, el buen tiempo y el bienestar de sus súbditos. Como el kaya maghan en Ghana
o el mansa en Mali, el mai estaba sujeto a la prohibición, entre muchas otras, de
comer en público. Por otra parte, el culto que la población le profesaba a él y a la
religión tradicional que lo sustentaba se basaba de manera poderosa en un símbolo
que el rey tenía a su cargo, y del que no ha quedado descripción alguna, llamado
Mune, que presumiblemente sería un objeto con un gran valor sagrado.
El primer gran mai fue Dunama Dibbaleni, durante la primera mitad del siglo XIII.
Dunama se rodeó de jurisconsultos musulmanes y entabló relaciones diplomáticas
con el norte de África, llegando a enviar una embajada a Túnez portadora de un
regalo que maravilló a sus anfitriones: una jirafa. Además, consiguió construir un
edificio en El Cairo en el que los kanembu podrían alojarse durante su peregrinación
a La Meca. Durante su reinado también emprendió grandes campañas contra sus
vecinos paganos y extendió el dominio de Kanem hasta tierras hausa (norte de
www.lectulandia.com - Página 55
Nigeria). Pero entre sus conquistas la más destacada fue sin duda la de la región de
Fezán, al sudoeste de la actual Libia. Esta zona era una encrucijada que unía a Kanem
con el norte de África, por una parte y, por la otra, con Egipto y el Próximo y Medio
Oriente. Desde el punto de vista comercial, el Fezán era un mercado estratégico. A
diferencia de los imperios que hemos visto hasta ahora, Kanem no disponía de minas
de oro. Los principales productos de exportación eran algunos minerales, algodón,
cuernos de elefante, plumas de avestruz y esclavos, que se intercambiaban por
caballos, sal, tejidos y armas de hierro. La mayor parte de la prosperidad del Imperio
provenía, sin embargo, de las actividades agropecuarias y de la extracción minera, así
como de algunos productos artesanales como telas y vestimentas bordadas.
Dunama, al final de su reinado, cometió la imprudencia, tal vez movido por su fe
islámica, de destruir el objeto sagrado Mune. Este simple acto conllevó un gran
revuelo entre la población y las facciones notables arraigadas a las creencias
tradicionales y se abrió un período convulso de querellas internas.
Mapa del Imperio de Kanem-Bornú en su máxima extensión. Fuente: Ki-Zerbo
(2011).
A pesar de todo, Kanem siguió siendo un imperio imponente. En el siglo XIV, el
erudito Al-Umari escribió que hacían falta tres meses para cruzarlo de punta a punta.
A finales de esta misma centuria los problemas internos fueron constantes y
estuvieron acompañados de ataques exteriores. Entre 1359 y 1383 hubo siete mai. Al
www.lectulandia.com - Página 56
final, uno de sus enemigos exteriores, los bulala, procedentes del lago Fitri (en el
actual centro de Chad), lograron obligar al mai a abandonar Njimi y rechazarlo al
oeste del lago Chad, en Bornú.
En origen, Kanem y Bornú fueron reinos diferentes pero con el tiempo los mai
fueron reconocidos por los sultanes del mundo musulmán como soberanos de ambos,
tal y como atestiguan las cartas enviadas por el sultán mameluco de Egipto a la corte
del mai. En Bornú los problemas no cesaron y tanto las querellas dinásticas como los
ataques exteriores siguieron siendo una constante en el Imperio. Pasaron más de una
docena de mai hasta que en 1460 el mai Ali Dunamani derrotó a sus rivales y
consolidó de nuevo el Imperio, reorganizando la administración y sometiendo a
tributo a algunas de las grandes ciudades-Estado hausa. Ali Dunamani inició así un
rejuvenecimiento de la dinastía Sefuwa que culminó a principios del siglo XVI cuando
el mai Idris Katakarmabe consiguió derrotar a los bulala y recuperar la antigua
capital, Njimi. Pese a este último logro, los líderes del Imperio prefirieron quedarse
en la capital que había creado poco antes Ali Dunamani en Ngazargamu, en Bornú,
más fértil y apta para las actividades agropecuarias.
Kanem-Bornú alcanzó su apogeo con el mai Idris Alaoma, célebre por sus
reformas militares y administrativas. Entre las primeras destacan el empleo de
campos militares fijos, las tácticas de asedio y de tierra quemada, la introducción de
caballeros y monturas protegidos por armaduras y el uso de mosqueteros con yelmos
de hierro entrenados por consejeros militares turcos. De hecho, entre las relaciones
diplomáticas que estableció destacaban las que lo unieron con el Imperio otomano,
con Trípoli y con Egipto. Idris Alaoma favoreció la construcción de mezquitas, animó
la peregrinación a La Meca entre sus oficiales y súbditos y se rodeó de un consejo
compuesto por los líderes de los principales clanes que se hallaban en su territorio.
La riqueza que atesoró provenía de los tributos, de los botines de guerra y de su
participación en el comercio transahariano. En esta época, la demanda de esclavos
por parte de los turcos hizo que los cautivos fueran una de las principales
exportaciones de Kanem-Bornú, sembrando un clima de terror en los territorios
colindantes e incluso el interior de su propio país.
www.lectulandia.com - Página 57
El explorador alemán Heinrich Barth dibujó esta ilustración a mediados del
siglo XIX, en ella vemos a un grupo de guerreros kanembu y a su jefe montado a
caballo.
El legado de Idris Alaoma sostuvo al Imperio hasta mediados del siglo XVII,
cuando se inició la decadencia. A pesar de ello, la dinastía Sefuwa reinó hasta 1846 y
el reino de Kanem-Bornú, debilitado y con su territorio mucho más reducido que en
su época de esplendor, siguió en pie hasta que en 1900 las tropas francesas llegaron a
las tierras del lago Chad, poniendo punto y final a la conquista colonial de África.