Samory Touré

Samory Touré nació a principios de la década de 1830 en el seno de una familia dyula
(comerciantes mandingas islamizados) en la región oriental de la actual Guinea
Conakry. Entre sus ancestros se contaban más adeptos a la religión tradicional que
musulmanes y, de hecho, Samory creció en un lugar en el que lo tradicional era
mayoritario. Durante su juventud, fue vendedor ambulante como la mayoría de dyula
que habitaban en la región comprendida entre la sabana sudanesa y el bosque
guineano. Sin embargo, hacia 1848 dejó su profesión para enrolarse en las tropas de
un soberano musulmán que había capturado a su madre en un ataque esclavista. El
joven Samory, sin medios para costear su rescate, tuvo que pagar con su propia fuerza
para poder liberarla.
Sirvió varios años como soldado a sueldo de ese jefe y de otros tantos que
reclamaron su servicio cuando consiguió liberar a su madre. Durante esos años
demostró su valía militar, hasta que hacia 1861 inició su carrera militar autónoma.
Poco a poco fue reuniendo bajo su amparo a los diversos kafu (agrupación de aldeas)
que acabaron convirtiéndose en el núcleo de su propio Estado. Amplió sus dominios
progresivamente, mediante la conciliación o por la liquidación de sus adversarios. Su
actividad diplomática y militar se dio tanto contra reinos musulmanes como
tradicionales. De hecho, inició una transformación de la sociedad que tendió a abrir
rutas comerciales al tiempo que los dyula musulmanes obtenían libertad de
movimiento sin por ello someter a la población tradicional. Este equilibrio hizo que
su movimiento captara nuevos partisanos y adhesiones de diversas sensibilidades
religiosas.

Durante sus conquistas, Samory perfeccionó la organización administrativa y
militar de su naciente imperio mientras, de forma paralela, se adjudicaba títulos que
lo legitimaban de diversas formas frente a su población: keletigui (“jefe de guerra”),
murutigui (“dueño del sable”) y, finalmente, faama (“soberano que posee la fuerza
militar”).
Entre los años 1875 y 1881 tuvo lugar su gran expansión, su Estado se vertebró a
través de un poderoso ejército y una sólida administración. En esas fechas uno de los
mayores centros político-económicos de la región, Kankan, demandó sus servicios.
Samory los ofreció de buen grado y cosechó numerosas victorias. El incremento de
su notoriedad importunó a Kankan, que inició un enfrentamiento con él que terminó
en la toma de la ciudad por parte de Samory.
Siguió ampliando sus territorios hacia el corazón del antiguo Imperio de Mali,
incluso llegó a contar con la alianza del príncipe Keita que era el heredero de los
antiguos mansa. Sin embargo, su expansión chocó con la penetración francesa hacia
el Níger. En 1881 tuvo lugar el primer contacto con un emisario francés, iniciándose
un nuevo período en el que el Imperio de Samory cambió su carácter. Hasta ese
momento, Samory Touré había transformado las sociedades de la región sin

destruirlas. Había potenciado los elementos mercantiles y musulmanes pero sin
perjudicar directamente los elementos tradicionales.
Tras el choque con los franceses, se replegó hacia el sur y encargó con más vigor
que nunca la apertura de una ruta que comunicara su Imperio con las vías costeras de
Sierra Leona, de donde se abasteció de armas de fuego a cambio de kola y esclavos.
Samory optó por una estrategia de enfrentamiento contra los franceses y, aunque
recurrió a la diplomacia, puso el acento sobre la resistencia armada. Su ejército estaba
dividido esencialmente en dos cuerpos: la infantería (sofa) compuesta de unos 35 000
hombres y la caballería, compuesta de unos 3000, cada uno de los cuales con sus
respectivas divisiones. Lo que distinguía a sus tropas en el medio africano era su
armamento y elevado entrenamiento. El ejército samoryano estaba formado por
verdaderos profesionales. Desde 1875 se procuró armas europeas a través de Sierra
Leona. En 1885 cambió los viejos fusiles por otros cuyos cartuchos tenían los
casquillos de metal, mejor adaptados para la humedad de la zona, y también por rifles
de repetición. La genialidad de Samory fue tener a un elevado número de herreros
que, en sus altos hornos escondidos en bosques y sabana, eran capaces de replicar
estos fusiles y de dotar a su ejército de nuevo armamento, aunque nunca contó con la
artillería pesada de las tropas coloniales.
Samory se halló así entre dos fuegos: la actividad militar francesa hacia el Níger y
la actividad comercial y militar británica. Quiso apoyarse sobre estos últimos para
detener a los primeros pero su voluntad de alianza no fructificó.
En 1884, Samory tomó el título de almani, el cual le dotaba de forma simbólica
de una nueva autoridad religiosa musulmana. Poco después los franceses ocuparon la
región aurífera de Buré, bajo dominio de Samory. Este no tardó en recuperar la zona.
Tras unos enfrentamientos que se saldaron con victorias y derrotas en ambos bandos,
en los años 1886 y 1887 Samory y Francia sellaron diversos pactos en los que se
delimitaban las zonas de influencia en cada orilla del Níger. El hijo de Samory
incluso llegó a visitar Francia, donde fue recibido por el presidente de la República y
por el ministro de la guerra.
A pesar de todo, los franceses utilizaron estos tratados para debilitarlo. Tal y
como dijo un alto oficial de la época: «La única política que cabe seguir respecto a
este jefe es hacerlo desaparecer».
Samory dirigió entonces sus esfuerzos hacia Sikasso, capital del reino rival de
Kenedugu, que asedió durante más de un año. Durante esa campaña, su Imperio
empezó a desmembrarse. Los pueblos no musulmanes reaccionaron contra las
exacciones y el fanatismo religioso cada vez más acentuado de los oficiales de
Samory. La rebelión se extendió al tiempo que los franceses alimentaban la disidencia
y trataban de cortar el acceso a Sierra Leona y, por lo tanto, el reavituallamiento de
armas de fuego. Los pueblos involucrados en la protesta masiva contra la autoridad
de Samory llamaron a su movimiento Ban kélé (“guerra del rechazo”) o Murutiba
(“gran rebelión”), levantándose frente a las requisiciones, los reclutamientos, la

obligación de actuar como porteadores en el ejército, el hambre y, sobre todo, por los
rumores que hablaban de la muerte del almani. Este último abandonó el asedio a
Sikasso, que había costado la muerte de muchos de sus mejores generales, y decidió
concentrar sus esfuerzos en reprimir los levantamientos y en combatir a los franceses.
Fue entonces cuando Samory decidió cambiar su estrategia militar: entrenó a sus
tropas para combatir a los europeos, creó secciones y compañías y adoptó una táctica
defensiva. En adelante, potenció la gran movilidad de sus tropas para sorprender al
enemigo e infligirle duras pérdidas antes de desaparecer sin apenas ser vistos. Samory
optó por la guerra de guerrilla.
No obstante, en 1889 el cordón umbilical que lo unía a Sierra Leona fue cortado,
perdiendo de esa manera su principal vía de suministro. Poco después los franceses
invadieron la parte central de su Imperio y Samory entendió que un nuevo
enfrentamiento resultaría en catástrofe. Tenía dos opciones: rendirse o replegarse.
Optó por la segunda y de esa decisión surgió uno de los fenómenos más inauditos de
la historia mundial: el desplazamiento geográfico de todo un Imperio.
Samory abandonó su patria y marchó hacia el este para crear un nuevo imperio en
el interior de Costa de Marfil y la actual Ghana, además del sur de la actual Burkina
Faso. Así, tuvo lugar una emigración popular y militar masiva y forzosa de más de
medio millón de habitantes. Dio a su resistencia un carácter más elástico y brutal,
aplicando la táctica de la tierra quemada a su paso. Dividió a sus fuerzas en tres
grupos: los que poseían fusiles de tiro rápido tenían por misión contener a los
franceses; los de fusiles de pistón ocupaban y administraban las tierras conquistadas;
el resto conquistaba, en dirección este, nuevos territorios que sirvieran de recambio
en el caso de que se produjera un nuevo traslado. El reubicado Imperio resistió el
empuje británico y francés hasta que el 29 de septiembre de 1898, Samory fue
capturado y deportado a Gabón, donde murió dos años más tarde.
Mapa del Imperio de Samory. Fuente: Ki-Zerbo (2011).
Hoy en día, Samory es recordado como uno de los más grandes resistentes del

África Occidental. Ya en su época sus gestas aparecieron en los diarios occidentales,
que lo conocieron como «Samory el Sanguinario». El 13 de octubre de 1898 el New
York Times publicó la noticia de su captura. Para los franceses, su lucha contra
Samory fue la más larga serie de campañas contra el mismo adversario durante la
conquista del Sudán. El recuerdo de Samory sigue vivo en la región y uno de sus
nietos, Sékou Touré, fue el primer presidente de la Guinea Conakry independiente.